Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2007.

Sobrevivir a una tormenta desnuda...

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Todo comienza dar vueltas de pronto comienza a interrumpir la oscuridad haces de luces de colores te obligan a parpadear sin cesar, y tus pies sienten por vez primera el vacío; sin embargo, no temes caer te mantienes flotando, en una nube líquida, en una velo de hormonas, sobre una alfombra de caricias. Y ya sin miedo te atreves a saltar primero caes lentamente no sabes a donde y luego aumenta la velocidad... se desata la locura la corriente la tormenta... estas sola, totalmente sola y tu cuerpo esta a la merced de miles de vientos que te traen olores prohibidos siempre anhelados, pieles que rasgan, ojos millares que te atrapan en su pupila ves en azul te metes en el azul... Y cierras los ojos de espanto porque ya nada te detiene, estas fuera lejos lejos allá lejos libre lejos desnuda viajando a la velocidad de la luz hacia en el centro de ti misma. Es la tormenta: ES EL ORGASMO.   

04/12/2007 22:05 Autor: yasnaya. #. Tema: ... Y EL SEXO

Capítulo 3. Historias en Guagua

Capítulo 3  Rebeca en la P1.   

Rebeca es enfermera. Ha salido de su casona colonial corriendo, mira el reloj con desesperación y apura los pasos hacia la parada del P1. Hoy es su primer día de trabajo después de dos semanas de vacaciones, en las que se aburrió como un gusano bajo una piedra.                

Al doblar la esquina de Concha un vecino la saluda, pero Rebeca no da tiempo a ceremonias, su mano flota en el aire y luego regresa ansiosa a la cartera. Mira de nuevo el reloj, son las seis y media. Sus nervios anticipan la llegada tarde. Se angustia. Pocas veces a llegado tarde, le sobran dedos en la mano para enumerarlas, cada una las recuerda vívidamente... solo de pensarlo, las orejas se le ponen rojas. Acelera el paso y justo al cruzar la calle, la P1 desemboca de la esquina y Rebeca sonríe para sí. Está salvada, aunque la parada se asfixia por una multitud.

Rebeca agita un brazo y justo frente a ella se detiene un instante la guagua. Sube. A esta gentileza debe corresponder como se espera, besa al conductor, luego al chofer que bromea con cierta intimidad sobre la pureza de su uniforme. Rebeca sonríe breve y los ojos se le pierden en el pasillo de la guagua hacia el fondo. El chofer insiste en que permanezca cerca, justo detrás de él, para seguir conversando, pero ella se niega gentil. Una excusa tonta y pasa la barra numeradora en busca de paz para su enfermiza timidez.A pesar del respeto del pueblo por el uniforme blanco, el incidente destapa las protestas. -- ¿Desde cuando esto es un taxi?   --pregunta molesta la primera señora que sube—yo voy a ver si cuando yo les saque la mano ustedes van a parar también...                 --  Arriba, con el menudo en la mano y al fondo, –cae en oreja rota la protesta, el conductor no quiere contestar a la indirecta–     y por favor, suelten el tubo que eso crea vicio.  --  Eso fue una falta de respeto. Es como si yo no los atendiera en mi trabajo porque ustedes no son amigos míos... –vuelve a la carga la señora.   --   Mi tía, es temprano pa` hablal tanto. Camine al fondo, que todo el mundo no desayunó tan  bien como usted  --dice el chofer en tono firme.      Y al parecer, la frase catalizó una escandalosa reacción de la protestona...                   --  Yo no soy tía suya...!!!                   --    Ay, señora, era un forma de decir...  tía, abuela,  ¿qué importa...? Lo que tiene que hacer es avanzar que tiene la cola trabada... – le resta importancia el chofer.--  Ustedes están muy equivocados... Maltratan a uno, se creen los dueños de la guagua y para colmo...--  Oiga, nooo –interrumpe el conductor—vaya a otra parte a bajar el cassete ese.   Los más cercanos a la escena miran indolentes, otros sonríen y la mayoría pone cara de hastío. Cuando aún no son las siete,  toda cháchara molesta, sobre todo si el desayuno fue una taza de café.  De manera que la heroína del respeto perdido calla y se adentra en el pasillo rumbo a la puerta.

  Esta es apenas la segunda parada de la guagua, y es poco probable que recoja diez personas en la próxima escala. Rebeca está en posición de fuga junto a los asientos más próximos a la puerta de salida. Aun demora su turno de bajar, pero las guaguas son sitios de donde le gustaría salir huyendo y lo hace, siempre lo logra.  Recuerda  a su  padre cuando se despertaba a las cinco y media de la madrugada; ponía Radio Reloj con el volumen alto, para que ella lo escuchara en su habitación.  Con dos golpecitos en la pared le daba los buenos días y era entonces que bajaba poco a poco la radio, hasta en dejarla en un hilo orientador, un hilo que  se cortaba totalmente cuando Rebeca salía para el trabajo. Lo extraña, no disfruta de esta aparente libertad. Se siente sola.

  Sonríe, los pasajeros pensarán que está loca. En el año noventa y tres, cuando la cosa se puso mala y los apagones eran constantes, recuerda que un día por la tarde, su padre se apareció con un gallo criollo. Sin decir nada, se fue al patio con el animal en los brazos.  Rebeca contenta se metió en la cocina y puso agua a calentar . Se afilaba los dientes pensando en la sopa y en el gallo en salsa que prepararía. Cortó especias, arrancó dos hojitas de orégano y ya sus labios estaban a punto como el agua hirviendo.-- Papá, papá...traiga el gallo que se va a chupar los dedos esta noche...                             -- ¿Qué tu estás pensando Rebeca? –preguntó su padre—Ni se te ocurra ponerle un dedo encima a ese animal, hasta que no se acaben los apagones ese será nuestro reloj... -- Por Dios viejo... ¿Desde cuándo usted no come carne?  ¿ No le parece que vale la pena olvidarse de la hora y pensar en el estómago?-- No. El gallo será el reloj... a usted le he enseñado que el único enemigo del hombre es el tiempo, y para mantenerlo a raya hay que saber cómo marcha...--  Papaaa... –salió como un reproche—déjese de tanta...            -- No se habla más del gallo –tronó el patriarca.

  Desde la muerte de su madre, Rebeca prometió no llevarle la contraria a la única familia que le quedaba. Algo la hacía intuir que su madre había muerto por rabia. Demasiada casualidad que de un día para otro amaneciese infartada. Unas horas antes del deceso, ella regresaba de una fiesta  en la que por primera vez desafiaba la autoridad materna, con la extensión de la hora de regreso. Desde su adolescencia, la única voz que tomaba decisiones en la casa era la de José, su padre, y por un gallo no pensaba romper su promesa.  A los dos meses, el hambre era insostenible... el menú oscilaba entre plátano burro, frijoles y arroz. Ninguna circunstancia alteraba la dieta hasta que después de un almuerzo preguntó:--Rebeca, ¿a qué hora cantó el gallo hoy?.    -- A la de siempre papá –respondió con el mal humor que antecede una digestión de bazofia.        -- No, hoy se atrasó... yo creo que ese gallo se está poniendo viejo.Esta conversación fue la luz verde que creyó necesitar Rebeca. Ese mismo día por la tarde,  preparó el ave para un suculento fricasé... bueno tuvo que darle un poco más de candela de lo previsto, pero nada importante comparado con el gustazo.  En la mesa, José preguntó incrédulo... -- ¿Tu no habrás matado al gallo? .¿Verdad?.  --  No que va, --contestó con ironía—se cayó muerto de viejo. Y siguieron saboreando el reloj en silencio. Así muchos tuvieron que poner sus sueños, sus principios sobre la mesa para que fueran devorados por los miembros de la familia. La obsesión de José era el tiempo.                    

  El bamboleo del viaje, la puso medio alerta, aunque de nuevo se marcha... Recuerda el día que Roque  fue por primera vez a la casa. José lo examino de arriba abajo sin piedad, dejó caer un “buenas”, seco, más descortés que un silencio y se fue al patio rumiando ira. A la visita del día siguiente, si ya Roque no pudo más y le soltó que era el novio de su hija. ¡Con 32 años y pidiéndola como una quinceañera!, se repetía interiormente Roque. No tuvo respuesta de José, ni una mirada fría, ni un gesto de aprobación. Sostuvo con la mirada inexpresiva la figura del Don Juan, fue solo un instante que parecía un siglo, como eso momentos de tensión durante el duelo a pistola de dos cowboys del oeste.  José pidió permiso, se marchó a la habitación y solo salió cuando Roque se despidió.                                                                                                              -- Rebeca,  ¡ese hombre no tiene espíritu!.   -- Papá, Roque es muy bueno, aparte yo no lo quiero para hacer una misa sino para casarme con él –respondió con rabia. Un frenazo llama la atención de Rebeca y de pronto viene hacia ella, rozando con todo el mundo, y arrastrando en cada mano un muchacho similar al otro, una mujer rubia, de piel tostada... -- ¡Rebeca !!, si no te acuerdas de mí,  te mató... –dice sonriente.                                 

Rebeca no la recuerda, pero no duda en responder con entusiasmo al saludo. Busca en su memoria. Esta señora de vientre abundante, maquillada en exceso y ojerosa que la saluda no se le parece a nadie...    -- Ay, tus niños están grandísimos –exclama Rebeca y agradece que los hijos siempre tengan algo de los padres.   -- ¿Tu ya conoces a los gemelos?  ¿Cómo? Oye, Rebeca, creo que desde la Secundaria nunca más nos habíamos visto... exactamente desde la fiesta de Ángel. ¿Recuerdas? .                     Asiente despacio y el telón se corre. ¿Esta mujer llena de canas y barrigona era contemporánea con ella? La cabeza le dio vueltas por la turbación. Se pasó nerviosa la mano por el cabello, e imagino que si sus treinta y tres lucían así, de seguro ni las moscas se le posarían.  Aquel encuentro la entristeció, vendrían las preguntas de rigor sobre lo logrado y Rebeca tenía poco que contar.  La Verónica gesticulaba, sonreía y hacía su historia, de testigos todos los pasajeros cercanos que permutaron su foco de atención hacia aquel encuentro de amigas. Rebeca no la escuchaba, no podía concentrarse en su discurso, antes pensaba en qué decir...   -- ¿Y tú? – pregunta Verónica y pone una expresión dulzona, como de quién espera caramelos.    -- Yo bien – contesta, pero hay mismo se detiene insegura, penosa de hacer pública su tragedia ante el creciente número de observadores.                     Las observan unas seis personas, escuchan más. Verónica continua con la sonrisa congelada y Rebeca siente deseos de escapar por la ventana. Deja que su vista vague un instante por la  calle y un pisotón de los gemelos la regresa a la situación... Todavía Rebeca espera con la sonrisa congelada...   -- Mi papa se murió hace tres meses –dice bajito.    -- Ay, Rebe, ¡que pena!... ese es un golpe terrible.  Rebe... Rebe... ¿Rebe? Esa forma de llamarla al fin le abre la gaveta. Esta es la rubia más deseada de la Secundaria, que anduvo un tiempo con ella porque se sentía más segura de sí cuando alguien decía: “por ahí vienen la bella y la bestia”. Rebeca se siente derrotada, poca cosa y llena de tiempo inútil en su memoria. Baja los ojos y espera, ¡por Dios!, que Verónica no haga la gran pregunta...   -- ¿Y tu esposo? – dice Verónica.

   Rebeca se toma su tiempo, se moja los labios, como si de ellos pudiese desprender las palabras y doce ojos están atentos a su respuesta, más doce orejas y quién sabe qué otro chismoso con los sentidos orientados a la conversación.  Siente que la gente la aplasta, la guagua se detiene y montan por detrás varias personasa que aplastan  la una contra la otra...Rebeca le responde a su amiga con los ojos, pero la otra no entiende.-- ¿Qué dijiste? –pregunta dudosa Verónica-- No estoy casada, mi novio, con el que me iba  a  casar se fue hace un año para los Estados Unidos. Hace poco me llamó y quiere que me vaya, pero no le perdono la renuncia, además le prometí a mi padre antes de morir que nunca lo buscaría. Acá está lo mío, ¿no?. –todo salió de un tiro y parece que aun le empujan la lengua pero calla.  La desilusión se instala en los ojos que salen por la ventana en busca de imágenes distractoras.

   Verónica se baja en la próxima parada, se despide con la mirada triunfal de antaño cuando le contaba sus aventuras amorosas  y esta, incapaz de aportar algo,  escuchaba embobada. Verónica, con una sonrisa amabilísima –demasiado para ser franca- le desea buena suerte a la amiga. Lleva los gemelos a rastras por la escalerilla, se pierden en el tumulto de la acera y Rebeca respira profundo, más cansada que aliviada.  Se concentra demasiado en negar a sus oídos, algo que  expresa su piel, su mirada, su olor. Es una mujer triste e incompleta, que se concentra en su trabajo para vivir. Una mujer sin volumen, que ha hecho de la obsesión de su padre, su obsesión, que  ha hecho de la fe revolucionaria de su progenitor, su fe... una mujer desamparada por el hombre que amaba. Se siente la más infeliz, la más inútil, la más grotesca y triste. Por primera vez, busca alrededor de sí; descubre espejos en sus rostros. Los otros también parecen  incompletos, permutaciones de sueños náufragos,  luchadores sin motivo. Sacude la cabeza, y desea que la guagua tenga alas para llegar rápido al hospital “Calixto García”. Entra por el pasillo y solo el olor del lugar la reconforta. Las penas de los pacientes la ayudan a levantar los pies. Una niña con un vestido de flores se recuesta de Rebeca, a través de esta manito, le llega no sé qué murmullo de pájaros y se relaja, se marcha a un lugar con arroyo y brisa húmeda; allí permanece hasta que un frenazo de la guagua la incorpora a la pesadilla colectiva. Debe bajar de la P1. Vuela sobre los escalones y ya en la acera se inspecciona la ropa y el blanco continua inmaculado. Se acomoda una de las medias, organiza su flequillo. Levanta la cabeza y comienza a andar, en diez minutos estará en su reino, salvada. 

FIN 

08/12/2007 20:36 Autor: yasnaya. #. Tema: MINI-RELATOS

La persona que amo de forma incondicional

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    Es mi madre, una joya de persona.

    Siempre está ahí, cuando hace falta y cuando no.

    La adoro. !!!!  

 

16/12/2007 11:01 Autor: yasnaya. #. Tema: LOS MIOS

Un libro que hace años ha salido, pero que recomiendo...

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  Los siete habitos de la gente altamente efectiva, de Stephen Covey.

Ya ha salido en el 2006, los ocho hábitos..., una superación de esta primera versión. Se puede encontrar en la libreria Catalonia y probablemente en FNAC. Pero lo que quiero comentarles es de Los siete...    

 Lo que que aprendí:

  1. La Ley de la Cosecha: si eres capaz de hacer algo bueno o malo por alguien,  tarde o temprano recogerás los frutos de esa acción. Bien lo saben los campesinos, si no cuidas la tierra, la abonas, la siembras, ¿es posible obtener cosecha?
  2. Debemos definir nuestros roles en la vida.  Roles: profesional, esposa o esposo, hija o hijo, estudiante, activista en ONG, propietario de empresa, músico de grupo de aficionados,   .... Y en cada uno de esos roles definir una meta e ir a por ella, paso a paso, haciendo un pequeñoa avance cada semana. En otras palabras, deifnirnos un camino, buscar un sentido.
  3. Debemor afilar el hacha: vivir nos somete a pruebas y debemos estar en optimas condiciones para alcanzar nuestras metas y ser felices. En forma: fisica, mental, espiritual, socio/emocional. Démosle a nuestros cuerpos inputs enriquecedores, en cada una de las anteriores áreas para estar bien.        
16/12/2007 11:14 Autor: yasnaya. #. Tema: PENSAMIENTOS

Los caminos...

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  •    "Un viaje de tres mil leguas, empieza con un solo paso". Proverbio chino 

    ¿Y cuando no sabes dónde ir? ¿Cómo llegar?. Pues mejor detente, has una pausa y tomate tu tiempo para visualizarte en el futuro y aclarar dónde quieres llegar. Qué recursos tienes para llegar allí? Cuanto tiempo te puede llevar? Qué estas dispuesta a arriesgar y perder, para llegar a tu meta, para hacer tu sueño realidad. Teniendo en cuenta la finitud de nuestars existencias, no dejes que tus días se arrastren, que se suiciden los minutos en vano.        

  •    "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar". Silvio Rodriguez   

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16/12/2007 11:59 Autor: yasnaya. #. Tema: PENSAMIENTOS

La estoy buscando...¿Y tú?

No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices.
Stevenson, Robert Louis 

La falta de las cosas que el hombre desea es un elemento indispensable de la felicidad.
Russell, Bertrand
   

Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una.
Voltaire, François Marie Arouet  

La felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación.
Kant, Inmanuel    

Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias.
Locke, John         

 Tomado de http://www.psicologia-positiva.com/felicidad.html

16/12/2007 12:04 Autor: yasnaya. #. Tema: HOY SOMOS FELICES

Historias en guagua. Captulo 4

Capítulo 3 Juan Ernesto en la 5.  Guanabacoa es una joya de barrio. En la mañana el sol se va colando por las calles estrechas y sin llegar al suelo queda suspendida la luz en ventanas, rejas, balconcillos de madera, y le parece a uno que el tiempo no se esfuerza por pasar, algo de encantador tendrá esa hora que evoca por fragmentos principios del siglo XX. Juan Ernesto desciende de prisa por la calle San Cristóbal. La cabeza va apuntalada por los sueños a realizar. Este día ha salido más acicalado de lo habitual. Lleva una camisa blanca de mangas cortas, muy bien planchada, unos pantalones veich y zapatos del mismo color, aunque de tono un poco más quemado. En una mano lleva una mochila cargada de carpetas y en la otra unos cilindros de cartón, esos utilizados para cargar lienzos, y planos. A pesar de la carga su paso es ligero, debe llegar cuanto antes a la parada. Las siete y cuarto es una hora complicada para coger la 5, porque muchos como él, van para sus trabajos, la escuela y tampoco quieren llegar tarde.Desde que ve la parada, un mal presentimiento lo sacude, desacelera el paso por un instante y reconoce como su piel se le ha puesto de gallina. Con falsa convicción se dice a sí mismo que pasó una brisa, relaja los músculos y continua avanzando.  Hoy será su gran día en el trabajo y nada lo puede estropear. La acera esta cargada de personas y algunos en la calle sacan los brazos a los taxis.  Juan Ernesto acomoda todo en el suelo, ya está sudando, mezcla de ansiedad, miedo. Se incorpora al grupo de los que hacen señas. A los dos minutos, una guagua desemboca por la calle, y la gente se incorpora a su puesto, Juan Ernesto también.  Como siempre, está llena. En la puerta las personas  se arriman unos sobre otros, pugnan por ser los primeros. Se abren las puerta de atrás, baja una niña de uniforme primario, tiene el ceño fruncido. Se acomoda con sus manitas la saya, y se pasa las manos por el cabello. Todos esperan por subir, y así quedan, pues el chofer arranca sin recoger a nadie.  Se desencadenan los gritos... el chofer es bestia humana, h de p,  y hasta la madre recibe su afrenta. Cuando parece que los ánimos se calman se miran los unos a los otros y esperan. Luego de un rato, viene una guagua vacía. Es un ómnibus amarillo de techo bajo que se usaba en la transportación de los niños de las escuelas norteamericanas. Gracias a  las donaciones sucesivas de grupos de solidaridad, han ido engrosando nuestras bases de transporte. -- Arriba, el recorrido de la cinco a peso –grita el chofer cuando abre las puertas. El alboroto no tiene límites.  Una masa informe de personas se mueve como un acordeón. Nadie dice nada, todos respiran fuerte por el esfuerzo del forcejeo, y más que un grupo de personas se escucha una decena de toros en lidia por entrar a una lata de leche condensada. Una pierde su zapato y sin mirar al suelo, se mueve su pie descalzo por el suelo, una madre con su niña de la mano entra al molote a codazos mientras repite: “No llores, no llores...”  y a pesar de que su voz es firme, la letanía es dicha a sí misma que se asfixia entre la gente como feto en óvulo maduro. Con un paraguas enorme, un señor rema hacia la puerta, pero no avanza... alguien protesta por su instrumento y  casi al unísono sale disparado el paraguón hacia el medio de la calle. Son estos los horarios de cosecha de los carteristas, deslizan sus manos en los bolsillos y carteras desesperadas .Juan Ernesto intenta observar la escena impasible. Un ingeniero en telecomunicaciones fajao como un buitre por subir a la guagua, le parece una bajeza. Sin embargo, comienza a impacientarse al ver que el grupo no cede, todo lo contrario, vienen corriendo algunos y se suman al gentío. Con fastido respira profundo, se echa sus escrúpulos en los zapatos  y empuja , pisotea, atropella,  hasta alcanzar su meta.   Ya todos los asientos están ocupados y los pasillos comienzan a ponerse molestos de transitar. Se coloca al frente de una pareja que parecen muy soñolientos , acurrucados uno junto al otro , ajenos al mundo que se sacude. La muchacha nota la presencia de Juan Ernesto y amable le pide sus cosas para cargárselas durante el viaje. Eureka. Al menos irá cómodo, deposita en las piernas de la muchacha sus pertenencias y se da cuenta de que le falta un estuche.Siente que le dan un golpe en la cabeza,  el impacto resuena en sus rodillas. No sabe qué hacer.  Mira al pasillo y descubre en el suelo, echo un estropicio, los planos de la instalación que le costó semanas preparar  y que debía presentar esa mañana  a sus jefes.  Corrió entre la gente a salvar sus ideas, pero poco podía hacer.  Se sintió traicionado por el destino. ¿Qué diría en el trabajo? Esta era su gran oportunidad de sobresalir. Habían dejado en sus manos una parte del diseño de  la instalación del nuevo equipamiento y por una perrera tumultuaria perdía la luz. Algunos lo miraban extrañados, la muchacha auxiliadora le sonrió, era su respuesta nerviosa a la cara de cadáver de Juan Ernesto. Manoseó un poco más las cartulinas y con un optimismo de pantano se consoló a medias pensado que dada tiempo a hacerle un retoque antes de mostrarlo.La guagua se pone en movimiento y Juan Ernesto observa por primera vez a los que le rodean. A sus ojos se asoma un destello de envidia al ver el abandono y comodidad de la pareja frente a él. La muchacha descansa en el hombro de su novio,  un hilillo atrevido de saliva se asoma a sus labios relajados y desciende hasta la camisa del acompañante.   Ellos flotan por el mejor de los universos, el que consiente los sentidos porque todo es posible. Sin embargo, Juan Ernesto teme por su cabeza, la amenazan los codos de los otros pasajeros y un cansancio denso como yogurt producto de las noches días sin dormir y preparando su exposición.  Sus nervios son un manojo de cascabeles, cada roce de alguien por el pasillo lo irrita y repugna. Vuelve a pasear la mirada alrededor.  Una niña pequeña comienza a llorar. La fortaleza de sus agudos compiten con los  de María Cala. El señor del paraguón, saca un radio portátil de mediano tamaño y a todo volumen se lo acerca al oído.  Su sordera es evidente. Nadie protesta. Una señora gruesa a cada susurro al oído de su acompañante, vomita una carcajada infernal, de esas que salen del fondo de un estómago lleno. Repugnante se inclina hacia atrás y la vista se pierde por su  garganta, un túnel púrpura y fétido. Un manisero, a deshora, promociona su producto dentro del ómnibus, los que por prisa o carencias no desayunaron se desquitan con los cucuruchos de maní tostado. Una joven vestida de azul claro, como una flor silvestre, lee la Biblia en voz baja, un susurro de Corintios la envuelve y acompaña. La madre que un rato antes pidiera a su hija colegial que no llorara para subir al autobús, le echa  una descarga airada a la pequeña que no aparta la vista de la ventana . Tiene ese ensimismamiento infantil que protege los sentidos de las criaturas más frágiles. Para Juan Ernesto, esta guagua se convierte en uno de los Círculos del Infierno de Dante. Tiene deseos de salir corriendo y dejar atrás su cabeza. La cabeza está pesada, pero siente que desde arriba , por el centro, una espada de acero intenta perforarla, dejarla libre de su angustiosa carga. Sin que lo desee, vívidas recuerdos se acoplan para formar un gran muro... Se cae de la mata de mangos del patio de la casa, su hermana mayor lo abofetea por mojar sus libros, su madre prepara la mesa y  14 ojos silenciosos siguen sus movimientos... El chofer frena bruscamente en la esquina de Infanta y Manglar. A todos sorprende, pero nadie protesta. Ya falta poco para llegar al Ministerio de Comunicaciones, es allí donde trabaja Juan Ernesto. Para ser recién graduado no es mala ubicación. Aunque tenga que echar los pulmones por el esfuerzo, se ha propuesto llegar a ser un directivo  antes de los 27. La primera prueba será hoy y teme que nada podrá salvarlo del papelazo. Le sudan las manos y, de pronto,  cae al suelo de la guagua retorciéndose. Corren las exclamaciones, le piden al chofer que pare... y las convulsiones no cesan. Le hacen sitio en el pasillo. Algunos se bajan , forman algarabía los ignorantes de que es solo un ataque de epilepsia. Alguien propone llevarlo al hospital. Lo bajan de la guagua y se busca un auto que lo lleve al hospital. Una señora pregunta por las pertenencias de Juan Ernesto, le dan dos cilindros de cartón, uno de ellos bien deteriorado y la máquina se pierde con el pito abierto por toda la avenida.                                                                                                                     
17/12/2007 21:29 Autor: yasnaya. #. Tema: MINI-RELATOS

Directorios donde encontrar otros blogueros

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18/12/2007 20:11 Autor: yasnaya. #.

Frases célebres para compartir...

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  • El hecho de que una opinión la comparta mcuha gente no es prueba concluyente de que no sea adsurda. Bertrand Russell
  • Decir que nos tenemos que ganar la ia implica partir de la premisa de que la vida está perdida. La vida no tiene que ser ganada porque está ganada desde que nacemos.
  • Nadie necesita ayuda para tener problemas. Proverbio Mahori
  • Vivir cuesta muy poco, pero podemos complicar tanto como queramos.
  • Con la vida ocurre lo mismo que con los chistes: lo importante no es lo que duren, sino lo que hagan reír. Anthony de Mello  
  • La vida es lo que hacemos de ella. Aforismo Hindú.
  • Basta ya de jugar al escondite con nuestro verdadero yo.
  • La mente es como un paracaídas: no sirve de nada si no se abre. Graffiti en NY
  • La semana que viene no puedo ni ponerme enfermo, ni tener una crisis: tengo la agenda a tope. Profesional estresado
  • La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir. Carl Gustav Jung
  • Es duro vivir con miedo, ¿verdad? en eso consiste ser esclavo. Blade Runner

              Tomadas del Libro "La brújula interior de" de Álex Rovira Celma  

 

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31/12/2007 13:50 Autor: yasnaya. #. Tema: PENSAMIENTOS

REGALO DE FIN DE AÑO PARA AMIGAS Y AMIGOS

 El 2008 es otra oportunidad que nos ha sido regalada para ser felices!!!!!.

 

Quiero saber lo que ansías y si te atreves a soñar con lo que tu corazón anhela.

Quiero saber si te arriesgarías a parecer un tonto, por la aventura de estar vivo.

Quiero saber si has llegado al centro de tu propia tristeza, y has renacido con una sonrisa y algo más de experiencia.

Quiero saber si puedes experimentar con plenitud la alegría, la mía o la tuya, si puedes bailar con frenesí y dejar que el éxtasis te penetre hasta la punta de los dedos de los pies y las manos sin que la prudencia nos llame a ser cuidadosos, a ser realistas, a recordar las limitaciones propias de nuestra condición humana.

Quiero saber si puedes decepcionar a otra persona por ser fiel a ti mismo; si podrías soportar la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma.

Quiero saber si puedes ver la belleza, aún cuando no se agradable, cada día, y si puedes hacer que tu vida surja de su presencia.

Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo y el mío, y de pie en la orilla del lago gritar: ¡Sí a la vida!

Quiero saber lo que te sostiene, desde el interior, cuando todo lo demás se derrumba.

Quiero saber si puedes estar solo contigo y si en verdad aprecias tu propia compañía en momentos de vacíos.

Quiero saber si cuando me necesitas, no titubeas en llamarme, para estar a tu lado.

 


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31/12/2007 15:13 Autor: yasnaya. #. Tema: LOS MIOS

Trobada de tapas...

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   La Mama fue la ganadora del mayor número de premios. Su sabor entre saladito, y muy fuerte, nos dejó a todos con la boca abierta!!!! 

  

31/12/2007 15:23 Autor: yasnaya. #. Tema: LOS MIOS


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